Esta no se la pude conseguir completa pero espero que la
busque y la baje por ahí.
Si los japoneses le parecen personas con intereses extraños,
debería profundizar en la carrera de Kiyotaka Tsurisaki. Atraído por las
credenciales del país más peligroso del mundo, terminó metido en el peor (nada
personal) barrio de Bogotá, Colombia, husmeando en la vida de uno de los
embalsamadores que se ganan el pan arreglando cadáveres en ese barrio, en
cercanías de Medicina legal.
Si hay algo extraño en todo esto es darse cuenta que una
persona puede ganarse la vida abriendo cuerpos, lavarlos con una manguera y
decidir qué va a comer al almuerzo. Es un trabajo que alguien tiene que hacer
y, si le consuela, ese alguien no gana mucho dinero.
¿Alguna vez se preguntó por qué los cadáveres tienen una
expresión y unos gestos tan diferentes a los del cuerpo vivo?
El embalsamador, para entregar un cuerpo que se descomponga
rápidamente, debe vaciarlo, lavar los órganos, llenarlos de un líquido
corrosivo que los cocina para que no huelan tan mal, vestirlos, afeitarlos
maquillarlos y filosofar sobre sus vidas.
La curiosa técnica de Orozco para levantar cadáveres sin
ayuda, las enseñanzas que dejó en su aprendiz, el pintoresco vecindario y los
competidores comerciales se combinan con la sangrienta rutina de un hombre que
se gana la vida haciendo presentable el principal producto cárnico colombiano:
el cadáver humano.
Orozco es una leyenda del underground, la Bogotá que los
bogotanos no quisieron conocer, el basuco, la violencia y la rutina.
Pese a los cadáveres abiertos, las lecciones de anatomía que
afortunadamente no tienen olor (uno de los principales encantos del cine), a
ver cómo le reemplazan a uno el cerebro con periódicos y luego e pegan los ojos
con pegante de secado rápido, Orozco es un documental respetuoso de la realidad
y las rutinas del embalsamador, un hombre de familia, respetuoso de las leyes.
¿Por qué ver morbosamente un documental sobre un hombre que
tiene un trabajo inusual?
Esa es su decisión. En mi caso, voy por que me cremen.
Búsquela, encuéntrela y véala con cautela, precaución y,
preferiblemente, no después de almorzar.
Si le ofende ver lo que hacen con los cadáveres, no se
muera.
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