¿A quién no le atraen las historias de acosadores más que
las celebridades mismas?
En primer lugar, aclaro que no tengo nada contra las
personas con síndrome de Down. Lo digo para aclarar que mi problema con la
cantante Björk es su actitud en la vida y no su número total de cromosomas. En
fin...
Ricardo López es bastante joven, vive solo y se dedica a
exterminar cucarachas. En definitiva, no tiene una vida soñada. En sus ratos
libres, además de disfrutar la música de Björk, su enamorada y cantante
favorita, come pizza, esculpe y pinta cuadros en su diminuto apartamento.
Un enorme modelo de Björk engalana el espacio.
La compra de una cámara de video se combina con un episodio
de la vida de Björk que termina por desencajar a López, individuo a quien ella
jamás conocería. La noticia de que su amada cantante islandesa tiene relaciones
de pareja con un hombre negro, exacerba el racismo de López, de evidente
ascendencia latina, y lo lleva a tomar una decisión que le daría sentido a sus
últimos días.
¿Fue la cámara el verdadero motivo de todo?
Nunca lo sabremos.
Desde el momento en el que López le advierte a Björk que se
vengará de ella por salir con un negro, comienza a maquinar y a buscar la
manera de perjudicarla. Entre pruebas y elucubraciones, hablando siempre a la
cámara, con nosotros, López decide enviar un paquete con ácido que explotaría
en la cara de su amada. Luego de eso, se suicidaría.
A medida que el tiempo pasa, Ricardo se va poniendo más
agresivo y raro. Por una pelea con su jefe es echado del trabajo y su familia,
conocedora de su personalidad explosiva, se preocupa en vano sin sospechar lo
que sucede y sin poder hacer nada.
Ricardo López graba todo el proceso de planeación de su
atentado y hace confesiones escabrosas a la cámara sobre su vida y sus
complejos. Confiesa, por ejemplo, que no quisiera tener sexo con Björk sino
abrazarla y demostrarle que, pese a su instinto asesino, era un hombre cariñoso
que, seguramente, la amaba más que el hombre negro con el que salía.
La decisión de
Ricardo López de andar desnudo por la casa le da, sin duda, un giro
especial a la película. A medida que avanza el plan, avanza la locura de Ricardo
López que finalmente logra conseguir un arma para darle el toque conclusivo a
su épica hazaña.
Después de probar el proyecto con una rebanada de pizza,
López le da los últimos ajustes a su invento. Después de enviarlo, se rapa la
cabeza, se pinta los pezones y la cara de rojo y se dispone a pasar sus últimos
momentos frente a su cámara, oyendo su música favorita. La decisión está más
que tomada y ya no hay vuelta atrás.
López ajusta la cámara, planea el cuadro poniéndose un
lienzo atrás que dice en inglés 'Lo mejor de mí', esperando que en él caigan la
sangre y los sesos después del disparo que piensa darse en la boca. Termina el
disco que estaba oyendo. Había prometido morir al terminar. Termina y uno, como
él, siente el corazón en la boca... el de él, por supuesto. El tiro suena más
suave de lo que uno esperaba, el lienzo queda en blanco y la cámara queda
andando mientras se oye la sangre salir por la boca de Ricardo López.
Si le sirve de consuelo, Björk no recibió el paquete, no
sufrió ningún daño y terminó su relación con el hombre negro.
Nada como el género del personaje desequilibrado que se
graba a si mismo para reconciliarse con la realidad.
¿Todavía sueña con ser una cantante excéntrica?
Por ahí debe andar su media naranja...
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